viernes, 26 de septiembre de 2014

COMUNICADO POR EL DÍA DE LA MUJER INDÍGENA



El 5 de setiembre fue instaurado como Día Internacional de la Mujer Indígena en homenaje a Bartolina Sisa, guerrera aymara que lideró la lucha contra la dominación y la opresión de los españoles y que fue brutalmente asesinada  por las fuerzas realistas españolas el 5 de setiembre de 1782 en la Paz, Bolivia. Bartolina constituye hoy un símbolo de liderazgo, valentía y resistencia de la mujer indígena.
Es así que en esta fecha recordamos a todas nuestras heroínas indígenas, muchas de las  cuales quedaron en el anonimato, ya que la historia oficial la escribieron hombres criollos o europeos.
En nuestra tierra también hubo mujeres guerreras que resistieron de distintas formas la opresión de la conquista y el colonialismo.
1574: Liropeya Iyarí, joven de gran belleza y enamorada de Yanduballo. Era parte de la tribu del cacique Tabobá y de la Confederación de Zapicán. Durante la expedición de conquista y sometimiento de los Adelantados Ortiz de Zarate y Garay en los montes de la desembocadura del Uruguay en el Plata y en el Paraná, ella tendrá que huir por los montes. El Capitán español Carballo al encontrarla tratara de abusar de ella, Yanduballo se enfrentara al conquistador para defenderla. En el combate Yanduballo es derrotado y asesinado. Para no ser esclava de los españoles Liropeya se suicidara con una espada que le arrebato a Carballo.
1702: En la Batalla del Yi, 1000 charrúas, bojanes y yaros  se enfrentaron a las tropas de españoles y guaraníes. En esta cruenta batalla las mujeres charrúas pelearon junto con  los hombres, utilizando arcos y flechas para defenderse de los atacantes.
1787: La Cacica charrúa Ana Noelisie, otra de nuestras heroínas, supo liderar a su comunidad en las épocas de las persecuciones del Cuerpo de Blandengues contra los charrúas, y con su sabiduría supo mantener la unión de su grupo en momentos difíciles.
1806: María Micaela Guyunusa fue una charrúa nacida en Paysandú. De niña, junto a sus padres, fue parte de la Redota. Sobreviviente del genocidio de Salsipuedes, fue una de los cuatro charrúas que fueron llevados  a Francia y que fueron exhibidos en un zoológico humano junta a Vaimaca Perú, Senaqué y Tacuabé. Morirá de tuberculosis en 1833, después de tener a su hijita Tacuabé  en las pésimas condiciones donde la tenían. Caroline fallece ocho meses después.
1815: Melchora Cuenca, india guaraní nacida en Paraguay. Su padre era carretero y proveía de alimentos al ejército artiguista. Es durante uno de estos viajes en 1815 que conoce a José Artigas. Se enamora profundamente de él y tendrán dos hijos, Santiago y María. También lidero un grupo de lanceras que peleaban en los ejércitos revolucionarios, su lucha fue decisiva en la derrota de los porteños. Se estableció con su estancia en la zona del Queguay y después de la derrota de Artigas y su exilio en el Paraguay ella será vigilada y controlada por los portugueses. Fructuoso Rivera le arrebatara a su hijo Santiago y lo criará a su imagen, volviéndolo un militar despótico, solo podrá quedarse con su hija María. Murió por un accidente domestico en 1870.
1831: Después de la Masacre de Salsipuedes, en los campos de una estancia cercana al lugar de la masacre, se encontró a una niña de unos 10 años. El dueño de la estancia al encontrarla en una pradera llena de flores y donde soplaba mucho el viento la llamó “Floreana Aires”. Floreana crecerá en la zona y será de las mujeres que legaron la memoria de su cultura a las futuras generaciones. Vivirá como 80 años y será una referente para la región del Tiatucurá.
1841: La llamada “China de Arias”, fue una sobreviviente del genocidio de Salsipuedes, que fue hecha  prisionera y una de las tantas que fueron repartidas en las estancias. En este caso fue vendida al estanciero Arias. No sabemos su nombre. Después fue vendida como esclava y comprada por el estanciero Arias. El naturalista Teodoro Vilardebó la entrevista en 1841 y esta veterana le trasmitirá los vocablos que sabemos de la lengua charrúa. Gracias a ella hoy sabemos algo de la lengua charrúa y de las costumbres antiguas charrúas.
1862: Luisa Tiraparé, cacica guerrera guaraní, después de la muerte de su esposo durante la Guerra Grande, asume el liderazgo de su comunidad. Utilizará tanto las armas como la legislación para que se respeten las tierras comunitarias de su pueblo. Desgraciadamente la ambición de políticos y hacendados harán que se desconozcan la legislación a favor de los Pueblos de Indios y se masacrará a los guaraníes. Ella muere luchando, con las armas en las manos.
2007: Élida Rosa Albariño, nacida en Villaguay, Entre Ríos, República Argentina, en 1944. En el año 1991 comienza su labor de reagrupar a la comunidad charrúa que se encontraba dispersa y en proceso de pérdida cultural. A través del arte, trabajos históricos y manifestaciones culturales va difundiendo la riqueza cultural del pueblo charrúa en la Provincia de Entre Ríos. Lidera el movimiento charrúa en la Argentina y es gestora de los avances legales que han tenido en el vecino país. En 2002 lleva al grupo Basquadé a Villaguay y en el 2004  cruza hacia el Uruguay y empieza a trabajar en conjunto con las comunidades charrúas de nuestro país. En el 2005 funda junto con tres mujeres charrúas de Uruguay y de Argentina la Unión de Mujeres del Pueblo Charrúa  (UMPCHA), primera organización transforteriza del pueblo charrúa. En 2007 fallecerá debido a una enfermedad, legándonos la reorganización de nuestro Pueblo Nación Charrúa.
Las mujeres indígenas hemos sido parte de la resistencia ininterrumpida de nuestros pueblos por más de 500 años. Ya sea empuñando las armas, trasmitiendo los saberes de nuestras culturas o no acatando las imposiciones de este sistema machista y colonialista. Es por eso que las mujeres indígenas tenemos derechos especiales tanto como indígenas y como mujeres. La realidad propia de nuestra cultura indígena así como los problemas específicos que afrontamos deben ser tenidos en cuenta. A esto hay que agregarle la situación de violencia y dominación que afrontamos todas las mujeres. Solo la fortaleza como mujeres dentro de nuestra cultura originaria nos garantizara la liberación.
Es por eso que en nuestro movimiento charrúa hemos sido las mujeres muchas veces las que hemos liderado, fortaleciendo a todo el grupo desde nuestros saberes ancestrales y hemos sido clave en la recuperación de nuestra cultura, porque hemos sido las guardianas de nuestra memoria ancestral, que hemos sabido trasmitir generación tras generación, y hemos sido también las guardianas de nuestros lugares sagrados.